24 horas en Mendoza

Literalmente, y entrando en el detalle, estuvimos con los pies sobre suelo mendocino durante 29 horas, descontando 2 de ellas en el aeropuerto, nos da un total de 27 horas en la tierra del vino.

Y sólo podemos decir que la pasamos de maravillas. Una ciudad limpia por donde se la mire, con plazas puestas a nuevo y un entorno natural que emboba, o por lo menos eso nos pasa a los amantes de la montaña, y no hablo de la actividad de montaña, sino de solo sorprenderse al contemplaralas.

Tuvimos la fortuna, o tal vez lo deseamos tanto, que el clima nos acompaño durante toda nuestra corta estadía.
Durante el día un sol radiante y una temperatura cercana a los 30°, y durante la noche ausencia total de viento y unos 27° que fueron ideales para disfrutar un buen vino con unas ricas empanadas. Pero no me quiero adelantar, porque ya mencioné el vino dos veces y todavía no dije nada de los paseos que hicimos por dos bodegas.

La primera fue respondiendo a la invitación de Trivento, ubicada en la ciudad de Maipú a pocos kilómetros del centro de Mendoza.

Fuimos desde el centro de Mendoza, en al auto que alquilamos en el aeropuerto, solo tardamos 30 minutos en llegar a destino, donde nos esperaban Renan y Sofia, nuestros anfitriones.

Sin perder tiempo (hay que decir que llegamos un poco apretados con el horario) comenzamos a andar por los viñedos propios de Trivento de donde se cosechan cuatro varietales, Malbec, Cavernet Sauvignon, Syrah y Merlot.

Ah, me olvidaba! Antes de empezar a caminar por los viñedos nos dieron unas copas de espumante super refrescante, que obviamente nos las llevamos a la caminata.

Hicimos el mismo recorrido que hace la uva, desde la parra hasta la copa. Conociendo cada rincón de la Bodega, allí aprendimos muchas cosas respecto al consumo (el 70% de la producción de Trivento se exporta, principalmente a Inlgaterra), las variedades, tipos de maceración y de conserva, aunque creemos que fue solo un poco porque el mundo del vino es inmenso y las variables son infinitas.

Al final de nuestro recorrido nos esperaba, baja lo sombra de una parra, una picada exquisita con variedades de quesos, embutidos y empanadas. Todo bien dispuesto para comenzar con la cata de 3 variedades de vino. Siempre acompañados por las explicaciones de Sofia.

Quedamos encantados con el lugar, con la hospitalidad y con el entorno natural. En Maipú hay muchas otras Bodegas para visitar y se puede hacer allí la famosa ruta del vino (dicen que hacerla en bici es algo imperdible).

Una vez finalizado el recorrido, y luego de haber bebido moderadamente, volvimos a la ciudad de Mendoza, para conocer un poco de la movida nocturna, preguntamos a varias personas y todas coincidieron en su respuesta “Vayan a la calle Aristides“, y claramente allá fuimos. El nombre es Avenida Aristides Villanueva y en su intersección con la Avenida Belgrano (A 700 metros de la Plaza Independencia), se convierte en la calle de los bares y restaurantes a lo largo de 7 calles.

Obviamente no es el unico lugar donde uno pueda ir a tomar o comer algo, pero si allí se congregan muchos sitios preparados para pasar una noche agradable. Nuestra visita coinicidió con los festejos del Día de San Patricio, es por ello que “Aristides” estaba vestida de verde y plagada de gente.

Nos tentamos con tomar alguna cerveza, pero como les contamos al principio de la crónica, nuestro plan era otro, empanadas y vino en la terraza del hotel.

Al día siguiente nos levantamos temprano, 10:30 estabamos invitados por la Bodega Zuccardi para una degustación y paseo por la finca ubicada en el Valle de Uco, Paraje Altamira, a una hora y media de viaje en auto.

Quedamos maravillados desde el minuto cero, el entorno natural que rodea a Piedra Infinita, la moderna y joven Bodega inaugurada en marzo de 2016, es impactante.

Luego de conocer un poco más del mundo de la vid, y degustar 4 varitales de la firma, el encargado de turismo de la Bodega, Federico Asin nos invitó a continuar con la degustación de vinos pero en esta oportunidad fue acompañada de una variedad de quesos, embutidos y olivas. Todo eso como entrada para el gran plato, un costillar dificil de olvidar acompañado de batatas y zapallos orgánicos, cocinados en horno de barro.

Vamos a repetir una palabra que ya se dijo en parrafos anteriores, UNA MARAVILLA. Para nosotros ya quedó marcada como visita obligada en nuestro próximo paso por Mendoza (esperamos que sea pronto).

Como dato a destacar de lo mucho que aprendimos gracias a las excelentes y minuciosas explicaciones de Roxana (nuestra guía) es que el Paraje Altamira, donde se necuentra la Bodega, ofrece distintos tipos de suelos, por sectores con más piedras y minerales, en otros sin piedras y ausencia de minerales. Esto llevó a Sebastián Zuccardi a explorarlos y llegar a determinar que cada suelo aporta distintas propiedades a la uva, mas allá de la propia caracteristica del varietal.

Con esto, Familia Zuccardi logra obtener vinos del lugar bien caracteristicos  por el aporte de cada composición diferente de suelo.

Nos perdimos el postre, porque se nos iba el avión, pero tuvimos algunos minutos para hablar con la gente que trabaja en el lugar, que se deja ver como una verdadera familia.

Se puede aprender y conocer mucho en 24 horas en Mendoza, pero obviamente nos quedamos con ganas de más, y vamos a volver.

 

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